Arquitectura románica

La arquitectura románica ha sido la responsable de traer consigo elementos importantes para la creación de varias construcciones a lo largo del tiempo.

En este artículo conoceremos más sobre ella…

Inicios

La arquitectura románica fue el primer estilo arquitectónico importante que surgió en Europa durante la Edad Media, tras la caída de la civilización grecorromana. Aunque su consolidación se dio alrededor del año 1060, las primeras señales de cambio variaron según las regiones. Cabe señalar que no existe un consenso sobre una fecha exacta para su inicio, que podría situarse en un rango que va desde el siglo VI hasta el XI.

La arquitectura románica se dividió en varias etapas, principalmente dos: el primer románico, que también es conocido como románico temprano o lombardo y el segundo románico que también llamado alto románico o románico maduro. Después de esto, la arquitectura gótica se desarrolló de forma gradual a partir del siglo XII como su sucesor.

Cabe señalar que el surgimiento del arte románico también estuvo influenciado por la vitalidad monástica, profundas aspiraciones religiosas, la espiritualidad asociada a las rutas de peregrinación, y una Europa que había recuperado la paz después de tantos años difíciles. Estos factores contribuyeron a crear un estilo artístico genuinamente innovador y original.

La arquitectura románica por eso, se extendió por una amplia región que abarcó desde la mitad norte de España hasta Irlanda, Escocia y una parte importante de Escandinavia. También encontró su influencia en Europa del Este, en los países eslavos que iban desde Polonia hasta Eslovaquia, Bohemia y Moravia, Hungría y Eslovenia, así como en todo el territorio de Italia y sus islas. Esta expansión coincidió con la influencia de la Iglesia romana en la Edad Media y ocupó un espacio relacionado con la gran familia de los pueblos romano-germánicos, los eslavos occidentales y algunas otras etnias que también fueron importantes en el desarrollo de esta arquitectura.

Antecedentes

Los primeros vestigios del arte románico comenzaron a salir a la luz alrededor del año mil en diversas regiones. En Cataluña, en las áreas ubicadas al norte y sur de las estribaciones orientales de los Pirineos, se manifestaron signos de este estilo. Lo mismo ocurrió en Lombardía, una región que se extendía desde la llanura central del río Po hasta la parte sur de Italia.

En una Europa que carecía de abundantes recursos materiales y técnicos, durante ese periodo se erigieron numerosos castillos y fortificaciones, pero aún más prominentes fueron las nuevas iglesias construidas en ciudades y pueblos. Los monasterios y abadías se convirtieron en verdaderos motores de desarrollo económico.

Entre las construcciones más notables se encuentran las grandes iglesias abaciales, muchas de las cuales todavía están en pie, en diversos estados de conservación y frecuentemente en uso. Uno de los ejemplos más destacados de esta época fue la influyente y ambiciosa abadía de Cluny en Borgoña, cuyo impacto se extendió por todo el continente. La gran aparición de iglesias construidas durante el período románico fue seguida por la etapa aún más prolífica de la arquitectura gótica, que llevó a la reconstrucción, parcial o completa, de la mayoría de las iglesias románicas en áreas prósperas, como Inglaterra y Portugal.

Técnicas y materiales

La construcción de casas y palacios románicos no fortificados y de las áreas domésticas en los monasterios fue menos frecuente. Sin embargo, en estos lugares, se utilizaron y adaptaron las mismas características que se encontraban en los edificios religiosos, pero a una escala doméstica para que fueran más sencillos de llevar a cabo.

Desde una perspectiva técnica, se pasó de la construcción con piedra partida y martillo a la utilización de la piedra tallada. En este punto se desarrollaron los pilares compuestos. En términos arquitectónicos, el arte románico trajo consigo elementos como fachadas armónicas, cabeceras con deambulatorios, bóvedas de medio cañón, bóvedas apuntadas, bóvedas de arista y bóvedas de crucería con sus contrafuertes.

La arquitectura románica combinó varias características de los edificios antiguos romanos y bizantinos con tradiciones locales, y se caracteriza por su aspecto macizo, gruesos muros, esculturas escasas, arcos de medio punto, pilares robustos, bóvedas de arista, torres imponentes y arcadas decorativas. A estas arcadas, a veces con lo que se conoce como «banda lombarda».

En esencia, la arquitectura religiosa de esta época se destaca por el uso del arco de medio punto, que es una reinterpretación del antiguo arco de la arquitectura romana. Las columnas que sostienen estos arcos suelen ser de forma cilíndrica y están coronadas con capiteles a menudo decorados con representaciones de animales, plantas, símbolos o motivos geométricos.

Cada edificio presenta formas bien definidas, a menudo de planta regular y simétrica, y se caracteriza por su simplicidad en comparación con las construcciones góticas. A pesar de las diferencias nacionales y regionales, así como de la variedad de materiales utilizados, este estilo es reconocible en toda Europa.

Características principales

Los elementos estructurales fundamentales de la arquitectura románica, como las cabeceras, las fachadas y áreas occidentales, al igual que las juntas de la nave con sus métodos de cobertura y sus soportes, los transeptos, los tramos rectos del coro y el tratamiento de las paredes exteriores, tienen sus raíces en la arquitectura paleocristiana y prerrománica.

Desde unas décadas antes del año 1000, un periodo del cual solo se conservan vestigios e información obtenida a través de excavaciones, hasta el primer cuarto del siglo XI, se caracterizó por ser un tiempo de experimentación. Las evoluciones se comenzaron a manifestar especialmente en las cabeceras y en los sistemas de bóvedas, en la conceptualización de tramos y ritmo gracias a las columnas adosadas y pilares compuestos. También destacó la técnica de construcción con piedra tallada, en el desarrollo de criptas y salas.

Las transformaciones en la parte oriental de las iglesias estaban relacionadas con el aumento del número de sacerdotes, la creciente cantidad de fieles y la necesidad de dirigir a las personas hacia las reliquias sin interrumpir la liturgia.

Edificios románicos

Catedrales

Hasta el siglo XII, las catedrales no se consideraban como construcciones de gran relevancia, ya que con frecuencia las iglesias monacales las superaban en grandeza. Sin embargo, a partir de ese siglo, comenzaron a ganar importancia tanto en términos sociales como arquitectónicos. Además de su función religiosa, estas catedrales también desempeñaban un papel muy importante como parte de la defensa de las ciudades, adoptando una apariencia similar a la de fortalezas con sus torres almenadas y sus robustos muros. Algunos ejemplos destacados de ellas son:

  • La catedral de Zamora
  • La catedral de Sigüenza
  • El ábside de la Catedral del Salvador de Ávila
  • El ábside en Rosellón, Francia
  • La antigua catedral de Santa Eulalia de Elna

Estas catedrales presentan elementos arquitectónicos característicos que reflejan su doble función como centros religiosos y estructuras defensivas.

Iglesias menores

Las iglesias de menor tamaño, las que no son monacales, se pueden distinguir por su tamaño reducido y la presencia de un ábside central poco desarrollado, ya que en los monasterios y catedrales, el ábside solía servir como coro para la comunidad religiosa. Dentro de esta categoría de iglesias menores se incluyen los baptisterios, que continuaron siendo construidos en Italia y ocasionalmente fuera de ella. Estos baptisterios se caracterizaban por estar separados de las iglesias catedrales o parroquiales, y su planta tenía forma redonda o poligonal.

Monasterios

Los monasterios, junto con sus iglesias, adquirieron una importancia significativa desde el siglo VI, aunque en el ámbito arquitectónico no llamaron la atención de las personas hasta el siglo XI. Esto se debió a que los monjes, en lugar de dedicarse a la arquitectura, se enfocaban en actividades como las ciencias, la literatura, la mejora de tierras y la organización de la sociedad.

A partir del siglo XI, los monasterios empezaron a acumular riquezas gracias a donaciones y al favor de los señores feudales. Esto les proporcionó los medios para llevar a cabo la construcción de iglesias y monasterios a gran escala.

Claustros

Los claustros eran patios interiores con peristilo. Estos básicamente eran como un recuerdo de los atrios de las antiguas basílicas. La diferencia clave era que las columnas de las arcadas no se apoyaban directamente en el suelo, sino en un pódium corrido. Estos claustros comenzaron a formar parte de la arquitectura no solo en monasterios, sino también en catedrales desde este periodo.

Aún hoy en día, se conservan restos de claustros construidos en el siglo XI en algunas catedrales, como el de Elna en Rosellón y el de Seo de Urgel. Además, se pueden encontrar numerosas construcciones en monasterios como Santo Domingo de Silos, San Benet de Bages, Sant Cugat del Vallés y San Juan de la Peña en Huesca.

Cementerios

Los cementerios solían construirse junto a las iglesias desde años atrás, aunque hasta el siglo XIII, no era común enterrar a personas dentro de los templos, a menos que se tratara de santos, obispos, abades o reyes. En el caso de los reyes, generalmente eran sepultados en criptas.

Los fundadores de iglesias y monasterios, así como otras personas destacadas, solían tener sus sepulcros en los pórticos, en la pared exterior del templo o en los claustros, como lo evidencian muchos edificios que aún existen en la actualidad.

Campanarios

Los campanarios desempeñaban un papel fundamental en las iglesias, ya que solían ser una parte integral de ellas o estaban conectados directamente a las mismas. En Italia, se construyeron con mayor independencia. En Francia y Alemania, comenzaron a erigirse torres gemelas a ambos lados de la fachada en iglesias importantes, siguiendo el plano del monasterio de San Gall.

Sin embargo, lo más común en el estilo románico era construir una sola torre campanario en un lado del crucero o incluso directamente sobre el mismo. Por lo general, estos campanarios contaban con una planta cuadrada, aunque en ocasiones excepcionales podían ser redondos o poligonales. Estos se caracterizaban por tener un número determinado de ventanas en cada frente, lo que reflejaba las particularidades de su estilo arquitectónico.

Construcciones civiles y militares

Las construcciones civiles, como casas, palacios y castillos, también tuvieron que adoptar elementos del estilo románico presentes en las iglesias en la decoración, las puertas, las ventanas, entre otros, aunque con un grado menor de ornamentación externa. Los palacios, por ejemplo, solían incluir un pórtico o patio interior inspirado en la arquitectura romana.

Los castillos, por otro lado, no comenzaron a incorporar las estructuras salientes llamadas «barbacanas» hasta el siglo XII las cuales se generalizaron en el siglo XIV. Antes de esto, se solían utilizar galerías abiertas hechas de madera, también conocidas como ladroneras. Estas características arquitectónicas, incluyendo las barbacanas y las galerías abiertas, fueron llevadas a Europa desde Oriente a través de las Cruzadas.

Elementos arquitectónicos

Plantas arquitectónicas

La planta típica de una iglesia románica es la basilica latina, que puede tener cuatro, tres o cinco naves, con brazos salientes. En el extremo oriental, siempre mirando hacia el este, se encuentran tres o cinco ábsides semicirculares, ya sea en fila o formando una disposición en corona. Cada uno de estos ábsides se caracteriza por tener tres ventanas en su muro.

En la entrada o los pies del templo, se erige un pórtico, a menudo acompañado por dos torres cuadradas.

Contrafuertes

Los contrafuertes tienen un doble propósito: refuerzan los muros y actúan como soporte o contrapeso para los arcos y las bóvedas las cuales tienen la función que también cumplen los pilares compuestos. Los contrafuertes son visibles desde el exterior y tienen una apariencia lisa y prismática. Cuando se adosan a los ábsides, a menudo toman la forma de columnas que sostienen el alero.

Los muros suelen estar construidos con sillares irregulares dispuestos de manera poco uniforme en las filas. Este aspecto le da a los muros su característica apariencia en la arquitectura románica.

Pilares y arcos

El pilar románico generalmente se construye sobre un zócalo de forma cilíndrica de poca altura. Este pilar se compone de una pilastra, que puede ser simple o compuesta, con una o dos columnas semicilíndricas adosadas en uno o ambos de sus frentes. Estas columnas están diseñadas para proporcionar soporte a los arcos los cuales atraviesan las naves y a los arcos transversales los cuales cruzan de un lado a otro. Las columnas también tienen bases y capiteles que se encuentran adosados al núcleo central prismático del pilar, lo que le da a la estructura su apariencia característica en la arquitectura románica.

Cubierta interior

La cubierta interior de las naves y diversas áreas en la arquitectura románica generalmente se compone de los siguientes tipos de bóvedas:

  • Bóveda de medio cañón: La cual se utiliza comúnmente en la nave central y es de forma semicircular. A veces, los arcos pueden ser apuntados en lugar de semicirculares.
  • Bóveda de arista: Estas bóvedas se utilizaban mucho en las naves laterales y tienen una forma de arista o cuarto de círculo.
  • Bóveda de cuarto de esfera: Estas bóvedas se utilizan en los ábsides y tienen una forma semiesférica que se asemeja a una concha.

Sobre el crucero, la estructura solía albergar una cúpula poligonal que se apoya en trompas, que son elementos de transición que tienen forma de triángulo o cono, de estilo persa. Estas trompas se colocan en los ángulos o rincones donde los arcos torales se encuentran, brindando soporte a la cúpula.

Cubierta exterior

La cubierta exterior o tejado de la arquitectura románica solía descansar sobre las bóvedas las cuales se construían a través de una armadura de madera simple que se apoyaba en ellas. Sin embargo, a partir del siglo XII, esta armadura se hizo independiente y era sostenida únicamente por los muros para evitar sobrecargar las bóvedas y cúpulas.

Sobre la cúpula poligonal del crucero se erigía una linterna prismática que se fusionaba con la cúpula o se mantenía independiente, creando una especie de domo. Esta linterna solía terminar en una cubierta de forma piramidal, lo que le daba un aspecto similar a una torre de base ancha y altura reducida. En algunos casos, esta estructura también desempeñaba funciones de campanario.

Puertas y ventanas

Las puertas en la arquitectura románica se caracterizan por estar formadas por una serie de arcos redondos concéntricos colocados en forma de degradación, los cuales son conocidos como arquivoltas. Estos arcos se apoyan en columnillas, creando un efecto de arco abocinado y con molduras. El muro que rodea la puerta suele sobresalir, lo que contribuye al impacto visual.

Las ventanas, por su parte, suelen encontrarse en la fachada y en el ábside, pocas veces en los muros laterales. Son más altas que anchas y presentan un arco doble en la parte superior, generalmente plano o con una arista viva, que descansa sobre columnas de menor tamaño las cuales son similares a las de las puertas. Cuando estos arcos se adornan con molduras o las ventanas son más anchas, indican una fase posterior en el desarrollo del estilo románico.

Cornisas

Las cornisas en la arquitectura románica son como una especie de banda continua que se extiende sobre pilastras y muros. A menudo, se encuentran situadas sobre los ábacos de los capiteles, colocándose encima de la portada o debajo de las ventanas. Estas cornisas suelen presentar decoraciones y elementos importantes como las molduras y en muchas ocasiones, están sostenidas por una serie de pequeños arcos ciegos. Estos elementos arquitectónicos añaden ornamentación y detalle a la fachada de los edificios románicos.

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Equipo COARINS

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