Sistemas constructivos de los romanos

Los romanos fueron un pilar importante en los inicios de la historia de la arquitectura. 

En este artículo vamos a conocer más a fondo de sus sistemas constructivos, materiales y más elementos.

Inicios

Roma sin duda, ha dejado un legado duradero en nuestra sociedad actual, siendo una de las civilizaciones antiguas más influyentes en términos de innovación. Sus avances constructivos han sido pioneros en urbanismo, ingeniería y construcción han sentado las bases para la creación moderna de ciudades.

Desde sus primeros indicios en el siglo VIII a.C., Roma sobresalió como un poderoso estado que eventualmente dominaría el mundo mediterráneo y gran parte de Europa Occidental. Este imperio, intrínsecamente ligado a la cultura latina, no solo ejerció su influencia a través de la conquista militar, sino también a través de su rica herencia cultural, que incluye aspectos como el derecho romano, la lengua latina y sus logros en literatura, filosofía y arte.

La arquitectura romana es, sin duda, una de las mayores evidencias de la grandeza de esta antigua civilización, y sigue siendo una fuente de admiración y asombro en la actualidad. Los romanos destacaron especialmente por sus impresionantes habilidades como arquitectos y constructores, creando obras maestras que han resistido la prueba del tiempo y que todavía podemos disfrutar de forma directa hoy en día.

Desde increíbles acueductos hasta imponentes anfiteatros como el Coliseo, pasando por magníficos templos, arcos triunfales, termas, y monumentos como el Panteón de Roma, la arquitectura romana se caracteriza por su ingenio técnico, su monumentalidad y su capacidad para fusionar funcionalidad y belleza de una manera incomparable. Estas estructuras no solo sirvieron como símbolos del poder y la grandeza del Imperio Romano, sino que también dejaron un legado impresionante que sigue inspirando a arquitectos y diseñadores en la actualidad.

¿Quiénes fueron los romanos?

El Imperio Romano, durante su etapa de mayor apogeo, dominó un rico territorio que se extendía por más de cinco millones de kilómetros cuadrados, abarcando Europa, Asia y África. La ciudad, tenía autoridad sobre una población estimada en más de 70 millones de personas, lo que representaba aproximadamente el 21% de la población mundial en ese momento. Roma, como epicentro del imperio, fue el destino al que llegaban todos los caminos, y su legado, tanto material como inmaterial, continúa siendo objeto de estudio e influencia en la actualidad.

Desde su expansión inicial en el siglo VI a.C. hasta su caída en el año 476 d.C., el impacto del Imperio Romano se hace evidente en áreas tan diversas como el derecho, las artes plásticas, el latín, el sistema de gobierno y, especialmente, la arquitectura. Esta última, con su capacidad para simbolizar poder, riqueza y grandeza, fue utilizada por los romanos para comunicar esta idea a través de una variedad de estructuras, que incluían templos, mercados, edificios gubernamentales, baños, puentes, acueductos y muchas otras imponentes construcciones.

Los restos arquitectónicos del imperio son testigos de la avanzada tecnología de la época, así como de la gran variedad de recursos y el poder empleados durante su periodo más alto. Los romanos no se limitaron a utilizar materiales básicos como piedra, madera y mármol, sino que también desarrollaron técnicas innovadoras, como el concreto romano, ladrillos recocidos y vidrio. Esta serie de materiales permitieron la construcción de estructuras duraderas que han resistido el paso de los siglos.

En cuanto a la evolución de las técnicas de construcción, las paredes romanas pasaron de estar compuestas por piedras unidas con mortero en los primeros tiempos de la civilización, a estructuras más complejas construidas con núcleos de hormigón y ladrillos cocidos. Este desarrollo técnico no solo garantizó la durabilidad de los edificios, sino que también demostró la habilidad y la ingeniería avanzada de los arquitectos romanos.

Técnicas constructivas

Las antiguas murallas y muros romanos se caracterizaban por estar construidas con piedras rugosas de grandes dimensiones y diversas formas. Estas se apoyaban entre sí sin necesidad de utilizar mortero para unirlas. Estas estructuras, a menudo denominadas "ciclópeas", evocaban la idea de que solo los cíclopes, los gigantes de la mitología griega, podrían haberlas levantado.

Para las viviendas y edificaciones más modestas, se empleaban paredes que fueron construidas con piedras o ladrillos de arcilla secados al sol. Los ladrillos de adobe se elaboraban mediante la mezcla de tierra que aparte contenía arena, limo y arcilla, se mezclaba con agua y algún material orgánico, como paja o estiércol, y se moldeaban en pequeñas porciones para permitir un secado rápido sin que se agrietaran. Estos ladrillos de arcilla secados al sol se unían entre sí utilizando barro, lo que ofrecía una alternativa eficaz y accesible para la construcción de estructuras más simples.

Con el avance de las técnicas de corte de piedra, se hizo posible la construcción de muros utilizando bloques de tamaño similar y uniforme, los cuales eran colocados en hileras. Estas paredes fueron conocidas como Opus Quadratum. Esta técnica se originó alrededor del siglo VI a.C. y, con el tiempo, se perfeccionó la precisión y la exactitud en el corte de cada bloque. A pesar de la aparición de otras tecnologías de construcción de muros, los romanos continuaron empleando esta técnica, en gran parte debido a que se veía muy bien estéticamente. Para hacerlas, se utilizaban bloques de piedra caliza o toba volcánica, materiales abundantes en Roma y sus alrededores.


Fuente: Estudio Constructivo de Humanidades

Materiales resistentes

Con el paso del tiempo, los romanos fueron descubriendo nuevas técnicas. Una de ellas fue que al mezclar piedra caliza, agua y puzolana que eran cenizas volcánicas de la región alrededor de Nápoles, ellos obtenían un material extremadamente resistente una vez seco. Este material es uno de los antecesores de nuestro concreto moderno y era conocido como concreto u hormigón romano. Los llamados Opus Caementicium, que tenían entre 60 y 90 centímetros de ancho, se construían utilizando moldes hechos de  madera rellenos con esta mezcla, lo que resultaba en una apariencia por lo general irregular pero muy durable.

Debido a la aspereza de las superficies, surgieron técnicas para revestir las paredes mientras se mantenía el concreto romano en el interior. Una de las formas más antiguas de esta práctica fue el Opus Incertum, que fue hecho a finales del siglo III a.C. Esta técnica empleaba pequeños bloques piramidales colocados en la parte exterior de la pared, lo que resultaba en una superficie sin un patrón regular, de ahí viene su nombre. En un inicio, consistía en una disposición más cuidadosa de la cementa que eran fragmentos de roca y pequeñas piedras mezcladas con concreto. Esto permitía que la superficie exterior fuera lo más plana posible. Con el tiempo, esta superficie exterior se volvió aún más plana, reduciendo la cantidad de concreto y utilizando piedras pequeñas y más regulares.

Materiales básicos

Los materiales básicos empleados en la construcción durante la época románica incluían la piedra de sillería o sillar. Estos eran bloques de piedra labrados y utilizados en la construcción de estructuras más elaboradas. También se usaba el sillarejo, que eran piedras más pequeñas, y el mampuesto el cual implementaba piedra no labrada o de labrado tosco, utilizada en la mampostería.

La madera era de mucha importancia en la estructura de la cubierta de construcciones de menor tamaño, así como en la fabricación de puertas, escaleras y plataformas. Para rematar los tejados, se empleaba un material llamado pizarra o barro cocido. Este elemento le proporcionaba una protección adicional contra las inclemencias del tiempo.

El hierro forjado se utilizaba para fabricar herrajes, refuerzos, protecciones y enrejados, lo que contribuía tanto a la funcionalidad como a la estética de las construcciones románicas. Estos materiales eran básicos  para la durabilidad y estabilidad de las estructuras en esa época.

Sistemas constructivos

Los antiguos romanos se destacaron por el uso predominante de la piedra, el ladrillo y el hormigón en sus construcciones. Fueron los pioneros en el desarrollo del Opus Caementicium o cemento, una mezcla de piedras pequeñas, grava, arena, cal y agua, con propiedades únicas para la construcción.

Ellos prefirieron construir mediante arcos y bóvedas, distribuyendo así el peso de los edificios de manera equilibrada. Emplearon arcos de medio punto, arcos escarzanos y arcos rebajados en diversas construcciones públicas y privadas de sus ciudades. De hecho, el arte medieval que surgió después se denominó románico debido a su inspiración en estos elementos constructivos que recordaban el estilo romano.

Sin duda, destacaron especialmente en la construcción de cúpulas. Un ejemplo magistral es el Panteón de Agripa en la ciudad de Roma, una obra que perdura como testimonio de su gran habilidad arquitectónica.

El aspecto compacto de los edificios románicos se debe a las soluciones constructivas adoptadas por los arquitectos de la época. Para soportar la presión ejercida por la nave central y el empuje lateral, se necesitaba reforzar los pilares, lo que resultaba en una apariencia menos esbelta y delicada que la columna clásica. Este aspecto más robusto y sólido se mantuvo hasta la llegada del estilo gótico, que se caracterizaba por una mayor verticalidad y esbeltez de los elementos constructivos.

Además, los muros exteriores de los edificios románicos también se volvieron más macizos para proporcionar estabilidad estructural. Las ventanas, por su parte, adoptaron la forma de aspilleras, estrechas y profundas como las que se encuentran en muros o murallas que servían como defensa. Si bien esto dificultaba el ingreso de la luz natural, contribuía a la seguridad y defensa de las estructuras, reflejando la importancia de estos edificios como refugios en un contexto histórico marcado por la inestabilidad y los conflictos de la época.

Bóvedas y arcos

La variedad de bóvedas utilizadas por los romanos habla de su habilidad para cubrir grandes espacios de manera eficiente y estética. Estas bóvedas, por lo general fueron construidas con materiales como el mármol, el Opus Caementicium que era el concreto romano, el ladrillo y otros materiales, permitieron una notable flexibilidad en el diseño arquitectónico. Algunos ejemplos importantes incluyen la bóveda de cañón, la bóveda de aristas, la bóveda semiesférica y la bóveda de semicúpula o ábside.

El arco también tuvo un papel protagónico en la arquitectura romana, tanto en estructuras prácticas como en monumentos simbólicos. Utilizando una serie de dovelas dispuestas en un patrón de arco, los romanos crearon una variedad de formas y tamaños de arcos, desde arcos simples sobre puertas y ventanas hasta grandes arcos de tamaño monumental. La clave, situada en el centro del arco, era fundamental para distribuir las fuerzas y mantener la estabilidad de la estructura. Los arcos eran elementos clave en la arquitectura romana, tanto en términos de ingeniería como de expresión artística y simbólica.

Fuente: Arteguias

Arcos del triunfo

Los arcos del triunfo son un tipo particular de estructura arquitectónica utilizada por los romanos para conmemorar las victorias militares y para hacerle un homenaje a los generales triunfantes. Estas estructuras se destacan por su diseño monumental y su función simbólica en la promoción del poder y la grandeza del Estado romano.

Los arcos del triunfo constan típicamente de pilastras robustas que sostienen arcos de medio punto. Estos arcos pueden estar decorados con relieves que representan escenas de batallas y victorias, así como con inscripciones que conmemoran los logros militares del general o emperador celebrado. En la parte superior del arco se encuentra el ático, una estructura masiva que a menudo alberga esculturas o representaciones de la victoria, así como inscripciones adicionales.

La decoración de los arcos del triunfo podía ser elaborada y detallada, extendiéndose desde el ático hasta las pilastras y los espacios entre los arcos. Se pueden añadir columnas de diferentes órdenes arquitectónicos, así como frisos y otros elementos ornamentales para realzar la impresionante apariencia de la estructura.

Estos monumentos no solo sirvieron como expresiones arquitectónicas de poder y gloria militar, sino que también funcionaron como puntos de referencia importantes dentro del paisaje urbano de las ciudades romanas, recordando a los ciudadanos y visitantes la grandeza del imperio y las hazañas de sus líderes militares.

Fuente: Hellotickets

Columnas

Los romanos ciertamente tomaron prestados muchos elementos arquitectónicos y estéticos de los griegos, adaptándolos a su propio gusto y necesidades. Los órdenes arquitectónicos griegos, como el dórico, el jónico y el corintio, fueron adoptados por los romanos y se convirtieron en elementos básicos de la arquitectura romana.

Por otro lado, el orden compuesto es una fusión de los órdenes jónico y corintio, combinando las volutas características del jónico con las hojas de acanto del corintio. Esta combinación muestra la habilidad de los romanos para experimentar y crear nuevas formas arquitectónicas. A su vez estos estilos, fusionaban elementos de diferentes tradiciones creando objetos impresionantes.

Fuente: Album.es

Fabricación de ladrillos

El uso generalizado de ladrillos en la arquitectura romana fue un desarrollo importante que permitió la construcción de estructuras más duraderas y uniformes en todo el Imperio. El Opus latericium, que consistía en enfrentar ladrillos sobre un núcleo de concreto romano, se convirtió en una técnica de construcción común durante el periodo romano.

Los ladrillos tenían diversas formas y dimensiones, lo que reflejaba las prácticas de construcción regionales dentro del imperio. Esta variedad de formas hacía que los constructores tuvieran que adaptarse a diferentes estilos arquitectónicos y condiciones locales.

El uso de ladrillos no solo fue práctico, sino también estético. Los romanos utilizaron ladrillos para crear patrones decorativos en las fachadas de los edificios, lo que añadió un elemento visual distintivo a la arquitectura romana. El desarrollo y la adopción generalizada de técnicas de fabricación de ladrillos fueron un evento importante en la evolución de la arquitectura romana, permitiendo la construcción de estructuras duraderas y estéticamente impresionantes en todo el vasto territorio del Imperio Romano.


Variaciones en muros

La diversidad de técnicas de construcción de muros en el Imperio Romano habla no solo la evolución de la arquitectura romana, sino también las condiciones económicas, sociales y tecnológicas de la época. Desde las primitivas técnicas de construcción ciclópea hasta las refinadas técnicas.

La aparición de variaciones como el Opus craticium, que combinaba el uso de madera y mampostería, muestra la capacidad de los romanos para adaptarse a diferentes entornos y condiciones de construcción. Esta técnica, que empleaba una estructura de madera rellena de mampostería, podría haber sido utilizada en áreas donde la madera era más abundante o donde se requería una mayor flexibilidad estructural. Con ello se garantizaba una mejor seguridad en las construcciones de aquel entonces.

El estudio y la identificación de estos métodos de construcción no solo proporcionan información sobre la historia de la antigua Roma, sino que también nos dan una idea sobre las complejas interacciones entre la tecnología, la economía y la sociedad en el mundo romano. Cada técnica de construcción refleja las necesidades y prioridades de una civilización que dejó un legado duradero en la arquitectura y la ingeniería en cada periodo del tiempo.

Fuente: La Vanguardia

Ciudades romanas

La planificación urbana en la Antigua Roma fue realmente impresionante y sentó las bases para muchas prácticas modernas en el diseño de ciudades. Las calzadas romanas, como la famosa Vía Apia, conectaban todas las partes del vasto imperio, facilitando el comercio, la comunicación y el desplazamiento de tropas. Estas calzadas eran rectas y bien construidas, con puentes y túneles cuando era necesario para superar obstáculos que se presentaban en el camino por eventos naturales.

Los acueductos romanos eran otra maravilla de la arquitectura, llevando agua fresca desde manantiales lejanos hasta las ciudades y asegurando un suministro adecuado para la población y los baños públicos. Estos acueductos eran construcciones impresionantes que a menudo atravesaban valles y se apoyaban en arcos elevados.

El sistema de alcantarillado romano, era una innovación crucial para la higiene pública. Estas redes de alcantarillado permitían drenar las aguas residuales y evitar la acumulación de agua estancada, que era una fuente enorme para enfermedades como la malaria y el cólera.

Además de estas infraestructuras básicas, las ciudades romanas estaban organizadas en torno a un esquema de retícula, con calles rectas que se cruzaban en ángulos rectos, facilitando la navegación y el transporte. Los edificios públicos, como los foros, templos, teatros y termas, se encontraban en puntos estratégicos de la ciudad, creando un paisaje urbano distintivo y funcional. Este enfoque ordenado en la planificación urbana permitió que las ciudades romanas prosperaran y se convirtieran en centros de civilización y cultura en todo el imperio. Todo esto habla del conocimiento que se tenía en ese entonces y cómo se aplicó de forma extraordinaria para el avance y funcionalidad de la ciudad.

¿Quien escribió este artículo?

Equipo COARINS

Somos COARINS, una cooperativa de arquitectos, ingenieros y diseñadores de interiores apasionados por la educación de calidad en el sector de la construcción. Nuestro objetivo es brindar una formación integral y accesible para todos aquellos interesados en el diseño arquitectónico, ingeniería y diseño de interiores.


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